Shopaholic
Hacer tesis implica una flexibilidad temporal bastante amplia. Entonces, cuando iba al gimnasio, pasaba por el Apumanque, e iba cambiando los pasillos. Lo malo es que hay pasillos por los que no puedo pasar. Sólo por los de las orillas, o sea, puedo pasar por los pasillos centrales, y también por los transversales.
También puedo pasear cuando voy al médico en el Alto Las Condes, o cuando voy a hacer algún trámite a Providencia; incluso ciertas idas al supermercado pueden ser una ocasión para vitrinear.
¿Qué ocurrió? lo obvio; el tiempo, sumado a un olfato envidiado para la detección de ofertas y precios bajos con la mejor relación de precio calidad, hizo que mi clóset, ya lleno, se re-llenara aún más de ropa de todo tipo: formal, informal, playera, urbana, fea, colorida, en colores neutros, con ropa buena, ropa mala, ropa a la moda, ropa vintage.
Comencé este borrador hace un año y lo perdí; iba enfocada a algo que no recuerdo pero lo que ha ocurrido con este tanto tiempo que tengo en vez de enfocarse en la adquisición de nuevas prendas, se reenfocó en la reflexión sobre las prendas adquiridas.
1.-Desgaste parejo y escasez de prendas en estado decente para eventos:
Cuando uno compra “lo que está en oferta” tiene chalas amarillas, plateadas y doradas, lo que es bueno en la medida que no quieres que las negras o las blancas se gasten demasiado. El problema es que habrá un momento en que ni las amarillas ni las plateadas ni las doradas sirven y hay que ponerse -inevitablemente- las negras y las blancas. ¿El resultado? muchas chalas igualmente gastadas. Lo mismo con las carteras y otros accesorios y de cierta forma también con la otra ropa.
2.- Uso de prendas que no te gustan mucho para no repetir la ropa, porque claro, tienes tanta:
Al final, uno termina vistiéndose con lo que no se ha puesto para visitar determinado grupo de amigos o así. Pero es una estupidez porque luego uno no sabe exactamente qué le gusta y demora mucho en elegir la ropa; o dice “me voy a poner el vestido blanco con café” pero justo ese vestido está sucio y elegir qué otra cosa se vuelve un lío.
2.1 Demasiadas opciones, terminan mareando más que ayudando.
3.- Subutilización de prendas que a uno le gustan:
Y que después uno no puede usar tanto porque ya no le quedan tan bien, porque necesita ropa más formal o porque derechamente no te gusta.
4.- Pasar frío en verano: Como las poleras son más baratas que los chalecos, polerones y demases, y además la oferta de ellas es más amplia, llegué a tener 72 poleras con una proporción de aproximadamente un tercio de chalecos polerones y demases. Si bien en verano, durante el día es sensato utilizar una polera, con una falda o un short, por la noche esto a veces no es posible, porque hace frío. Roto las poleras pero no saco nada porque no he de repetir demasiado los chalecos, que, nuevamente, están feos -no tanto- pero todos feos por igual.
5.- ¿Y qué pasa si me voy de la casa de mis papás a un departamento pequeño? acá, además de mi clóset, tengo una cómoda, un clóset de los chalecos que comparto con mis padres, un espacio en el baúl y otro en un clóset de la pieza de atrás. Ahí tengo cosas de la temporada en que no estoy y cosas que uso en ocasiones determinadas. En departamento voy a tener bodega, pero definitivamente no va a ser fácil hacer caber todo.
Y con ello llegué a ciertas conclusiones de pasos a seguir, que serán lentos, pero seguros.
1.- DEJAR DE COMPRAR: No me considero una compradora compulsiva, ya que no gasto lo que no tengo, no pido prestado para comprar, no compro en cuotas y aunque esté de oferta, si no me queda bien o no me gusta, no lo compro. Pero el primer paso para conseguir un clóset sensato es alejarse por un tiempo del mall.
2.- ORDENAR, EVALUAR Y ELIMINAR:
Sacar toda la ropa del clóset, (a veces una polera se quedó enrollada entre medio de dos cajones) y contar las cosas. Determinar de qué prendas uno tiene una cantidad exageradamente grande y ridícula de ítems, en mi caso:
Poleras de verano y de fiesta, vestidos de verano, zapatos, carteras, parkas cortas e informales, pantis y calzas de panti.
Determinar qué es lo que uno tiene relativamente poco en proporción a lo otro, en mi caso:
Chalecos, sweaters -de invierno y de verano-; pantalones y shorts.
Sobre la ropa que uno tiene en demasía; donar aquellas que realmente ya no nos gustan, nos quedan mal, están viejas y gastadas, o “Ya no son lo que fueron”
Determinar cuáles prendas, pase lo que pase, dejarán nuestro clóset al final de la temporada y serán guardadas para donar al comienzo de la temporada siguiente (esto porque no hay nada más desubicado que donar shorts para los temporales). Enfocarse en el uso de esas prendas, para despedirnos adecuadamente y no gastar demasiado la ropa que guardaremos (esto es porque el Clóset sensato tiene como uno de sus objetivos ahorrar dinero)
3.- COMPRAR CON RESPONSABILIDAD:
Ponerse el compromiso de no comprar prendas de las que tenemos muchos ítemes, aunque tengan un 90% de descuento. En mi caso, en cuanto a parkas, el compromiso fue de dos años y este año sólo compraré una parka negra larga con capucha entallada. En cuanto a zapatos y carteras el compromiso fue de un año. En cuanto a vestidos y poleras, el compromiso es por esta temporada al menos pero estoy pensando en extenderlo para la próxima también.
Tengo “permiso” para comprar pantalones, shorts, chalecos y polerones, siempre y cuando no sean de mala calidad y estén a buen precio, me queden muy bien y sean de colores más bien neutros para que puedan combinar con más cosas. Además, ya que no puedo cambiar los chalecos o polerones, puedo cambiar los pantalones y crear nuevas tenidas.
4.- REEVALUACIÓN:
Tener una cantidad exageradamente ridícula no quiere decir que uno vea sus requerimientos cumplidos. Por ejemplo, antes de entrar al proyecto “Clóset sensato” tenía 5 carteras negras, pero ninguna que fuera mediana y con un lazo largo. Me compré una cartera negra mediana con el lazo largo y me deshice de dos carteras que suplían la función a medias. También me pasó con una cartera blanca y con una gris: entraron 3 y salieron 6.
5.- Ir ampliando las metas. Si este año regalé 3 vestidos, el próximo serán 5, por poner un ejemplo. La idea es reducirse a un clóset sensato con prendas de buena calidad, que nos queden bien, nos combinen y no temamos repetir.
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